En nuestra era moderna, los teléfonos inteligentes se han convertido en una extensión de nosotros mismos, integrándose sin esfuerzo en casi todos los aspectos de la vida diaria. Pero, aunque estos dispositivos nos conectan a nivel global, también pueden estar reconfigurándonos físicamente de formas que apenas llegamos a percibir. Si le preguntas a cualquiera por el costo de usar el smartphone, es posible que mencione alteraciones del sueño o una disminución de la capacidad de atención. Sin embargo, hay un conjunto de evidencias en crecimiento que sugiere que los efectos llegan más hondo: se manifiestan en nuestro propio cuerpo. A este fenómeno emergente se lo conoce de manera coloquial como el «phone body».
La carga del tech neck
Una de las consecuencias más visibles de nuestros hábitos con el smartphone es una condición que los especialistas en columna han denominado «tech neck». Imagina esto: cada vez que bajas la cabeza para mirar la pantalla, los músculos de la parte posterior del cuello se activan para sostener el peso de la cabeza. Al principio, esto puede traducirse en molestias leves o rigidez en el cuello, pero con el tiempo, la tensión repetitiva puede provocar daños importantes.
K. Daniel Riew, un cirujano destacado de la columna cervical, señala que esta lesión suele observarse antes de lo esperado: cada vez es más frecuente que pacientes en sus veinte años estén en su consulta. El problema radica en la portabilidad de los teléfonos; a diferencia de un monitor de escritorio, que se puede ajustar, nuestros teléfonos nos acompañan a todas partes, lo que lleva a desviaciones posturales inconscientes. Riew recomienda cambiar el paradigma postural típico y sugiere una posición reclinada de aproximadamente 25 a 30 grados para aliviar la carga sobre el cuello y la columna. No obstante, advierte que, una vez que se produce cierto daño celular, no puede revertirse, lo que subraya la importancia de tomar medidas preventivas.
Lo que pasa en los ojos: pantallas y visión
Si bien el tech neck es un problema más evidente, los teléfonos inteligentes también podrían afectar indirectamente nuestra visión, en especial en los niños. El notable aumento de la miopía, o visión de cerca deficiente, a menudo se ha vinculado con la exposición a pantallas. Sin embargo, el científico de la visión Donald Mutti sugiere que el verdadero culpable podría ser la reducción de actividades al aire libre: las pantallas “atan” a los niños dentro de casa. Estudios, incluido el , han mostrado que el tiempo al aire libre puede reducir de manera significativa el riesgo de desarrollar miopía. La cifra clave parece ser en condiciones de luz brillante, algo que se puede lograr con un poco de esfuerzo.
