En el mundo acelerado en el que vivimos, la excelencia a menudo parece una cualidad difícil de alcanzar, reservada para unos pocos. Pero, ¿y si el secreto para lograrla no estuviera en el talento innato, sino en la mentalidad? Esta idea la exploran Eric Potterat y Alan Eagle, quienes sostienen que la excelencia es una mentalidad, un enfoque elegido de la vida que puede impulsarnos hacia adelante. Se trata de comprendernos en profundidad, enfocarnos en lo que podemos controlar y cerrar la brecha entre la intención y la acción.
Comprender tu identidad
Potterat y Eagle destacan la importancia de la autoconciencia y la identidad personal en la búsqueda de la excelencia. Proponen que a menudo pasamos demasiado tiempo preocupándonos por cómo nos perciben los demás, lo que puede perjudicar nuestro rendimiento. En lugar de eso, sugieren centrarnos en nuestra identidad y en lo que realmente valoramos. Nuestro comportamiento debe surgir de esos valores, no del deseo de mantener una reputación determinada. Potterat define su identidad con conceptos clave como asombro, mantenerse con hambre, humildad, conexión, lealtad, escuchar y risa. Es una guía personal que ha orientado algunas de las decisiones más importantes de su vida.
Este enfoque me resuena. En un mundo obsesionado con la validación externa, anclarse en un conjunto de valores fundamentales funciona como una brújula. Nos recuerda que, en lo esencial, quiénes somos determina nuestra mentalidad y, en consecuencia, nuestro camino hacia la excelencia.
El poder de controlar lo controlable
El concepto de los controllables es central en la filosofía de Potterat y Eagle. Lo definen como actitud, esfuerzo y comportamiento, los únicos aspectos que realmente están bajo nuestro control. Centrar la atención en estos elementos permite a las personas practicar y encarnar de forma efectiva la mentalidad elegida. La actitud implica gestionar el diálogo interno, transformando el discurso negativo en afirmaciones positivas. El esfuerzo, aunque en teoría es sencillo, requiere dedicación constante. Es la parte más difícil, pero también la más gratificante, porque exige persistencia y resiliencia. El comportamiento, la manifestación visible de nuestra mentalidad, requiere crear hábitos alineados con nuestros valores.
Lo he visto de primera mano en mis propias experiencias y en las de otros. Las personas más exitosas a menudo no tienen menos obstáculos; simplemente dominan el arte de enfocarse en lo que pueden controlar. Aunque es un hábito difícil de dominar, es transformador.
Cerrar la brecha entre intención y comportamiento
Una de las ideas más interesantes del trabajo de Potterat y Eagle es el concepto de la brecha entre intención y comportamiento. Muchas veces pretendemos mejorar o desarrollar nuevas habilidades, pero no logramos dar seguimiento. Reconocer cuándo aparece esa brecha es crucial, al igual que elegir activamente cerrarla. Esto significa convertir las intenciones en acciones, incluso cuando resulte incómodo o poco práctico.
Es una lucha que conozco bien. El atractivo de la procrastinación es poderoso, especialmente en esta era digital. Sin embargo, cada vez que elijo conscientemente actuar a pesar de las distracciones, me acerco un poco más a mis objetivos. Es un recordatorio de que la excelencia no es un destino, sino un camino marcado por pasos pequeños y constantes.
La excelencia como hábito
En última instancia, la excelencia no es un acto, sino un hábito, como sugirió una vez el filósofo Aristóteles, en una formulación que Will Durant popularizó. Se trata de cómo respondemos a los desafíos de la vida y de los hábitos que cultivamos en el proceso. La retroalimentación constructiva desempeña un papel crítico en esta dinámica, ya que ofrece ideas que pueden perfeccionar nuestro enfoque y profundizar nuestra comprensión. La excelencia se aprende, no se hereda, y comienza con la decisión de adoptar una mentalidad que priorice el crecimiento y la resiliencia.
Mientras consideras tu propio recorrido hacia la excelencia, hazte estas preguntas: ¿Qué valores definen tu identidad? ¿Cómo puedes concentrarte en lo controlable de tu vida? Y, sobre todo, ¿qué pasos darás hoy para cerrar la brecha entre intención y comportamiento? Las respuestas a estas preguntas moldearán tu camino y te ayudarán a aprender a ser excelente de una forma que sea verdaderamente tuya.
